miércoles, 11 de noviembre de 2015

Sangre roja y escarcha plateada

Caminando por unas calles desconocidas, el paisaje fue palideciendo hasta quedar del color de los periódicos viejos, el cual se fue tiñendo del rojo de la sangre que volaba por el aire cuando las balas se encontraban con los cuerpos de los transeúntes aterrorizados. De repente, entré en el cuerpo de un niño de camisa amarilla y overol verde. Siendo ese pequeño, alcancé a ver de lejos a la niña que siempre me había gustado. Siempre tan bella, con vestido rosado, medias blancas y zapatos de charol negro.

Sin saber por qué yo gozaba de cierta inmunidad y corrí hacia ella para resguardarnos junto. En mi camino hasta su mano alcancé a ver un cuerpo que mientras caía iba siendo despojado de su piel hasta quedar en los huesos con tan solo un parche de músculo en la espalda. Después de sobreponerme al impacto de esa escena, alcancé a la niña de mis ojos y nos ocultamos en la habitación de un hotel en ruinas.

Yo la amaba tanto que no quería que sufriera por lo que afuera estaba sucediendo, entonces la distraje con bromas y con juegos, hasta que intempestivamente un hombre gigante vestido de militar abrió con vigor la puerta. Por alguna razón que aún no comprendo, se enterneció con nuestra escena infantil y no solo nos perdonó la vida, sino que le pidió a dos mujeres de su tropa que nos pintaran la cara con escarcha plateada.

¡Fuimos profundamente felices!

viernes, 10 de julio de 2015

Renacer

Hace una semana morí. Me he negado a aceptarlo. Me he aferrado a personas, objetos y recuerdos para evitar el dolor de no existir. Pero esa huesuda que en sueños me lo había advertido, finalmente me ganó la batalla.

Lo que más cuesta de morir es la parálisis, darte cuenta que no puedes mover tu cuerpo que en minutos será el festín de miles de bichos subterráneos que ni siquiera habías alcanzado a fabricar en tus peores pesadillas.

El miedo que experimenté cuando descendí a las profundidades y comenzaron a echarme tierra encima no se lo deseo a ningún mortal, pero lo que más me aterrorizó fue ver que una horda de insectos salvajes se acercaba con determinación a ese cuerpo al que estaba tan apegada por todo el placer que me había permitido experimentar. Los alaridos que se desprendieron de mis entrañas fueron inútiles, pero cuando estaba al borde de la desesperación me sorprendió darme cuenta que ya no podía sentirlos…

Experimenté alivio, por primera vez comprendí que soy consciencia y que el cuerpo es el carro que Dios nos presta para viajar por la dimensión física, para experimentar con los sentidos la belleza de la existencia, la alegría de un abrazo, la sal del mar, el calor del sol, la saliva del ser amado. Continué observando con serenidad cómo los insectos se comían mi cuerpo, pero cuando recordaba que ya nunca más luciría como antes el dolor se volvía a apoderar de mí. Luché contra esa emoción amiga de la vanidad durante tres horas o tres noches o tres siglos, ya ni sé, porque ahí comprobé que es real eso de que el tiempo no existe.

Cuando pude entregarme a la muerte bailamos el más dulce bolero, volví al útero de la madre tierra, observé con alegría que mis desechos -que ya no eran míos- alimentaban a preciosos animales que equilibran la vida en el planeta azul y mezclada con ellos me convertí en el compost más fértil que jamás haya podido preparar para mis plantas.

En todo ese proceso, sentí la lluvia, bendije el agua y el viento en un soplo trajo una pequeña semilla. Me abrí con todo el amor nunca antes experimentado y permití que se fecundara dentro de mí…


El universo me tendió una maravillosa trampa para que yo volviera a florecer… Comprendí eso que las sabias ya me habían enseñado sobre los ciclos de la mujer, de la luna, de la vida. ¡Conocí la alegría de renacer una y otra vez!



martes, 13 de enero de 2015

Gracias totales



En diferentes periodos de la vida, especialmente a partir de la adolescencia, una comienza a reprocharles un montón de cosas a los padres que el tiempo y las experiencias finalmente te reconcilian con ellas. Porque son aspectos que negamos de nuestra propia esencia, pero que cuando aceptamos podemos sacarle el mayor provecho para los proyectos personales. Después de eso, viene una sensación de gratitud inmensa porque a pesar de las diferencias entre esos seres que nos han acompañado y nos acompañarán gran parte de nuestra vida, nos damos cuenta que fueron los mejores padres que podríamos haber tenido.

Esta reflexión me surgió hoy cuando, por la prensa, me enteré de un concurso de belleza infantil en Santander denominado Miss Tanguita. Al ver las imágenes y leer el artículo sólo tengo palabras de agradecimiento con mi mamá y mi papá porque me enseñaron a leer a los 5 años, porque a los 6 me entraron a clases de natación, me regalaron mis primeros patines y me enseñaron a montar en bici, porque a los 8 me regalaron El Principito, porque me dejaban jugar en la calle, porque me ayudaban a hacer las tareas, porque me llevaban a cine y porque no teníamos televisión. 

También recuerdo que mi mamá nos hacía a mi hermana y a mí unas trenzas hermosas para que no nos pegaran los piojos en el colegio y que también nos dejaba jugar con su maquillaje y con sus tacones, pero siempre como una aventura más. Debo agradecer que nunca nos impusieran la belleza como el principio de la vida de la mujer. ¡Gracias totales!

martes, 6 de enero de 2015

El polo a tierra de una volátil



Una foto publicada por Eli (@eliduquea) el

No me interesa en absoluto una vida convencional, las relaciones tradicionales ni un empleo común. Me fastidian las etiquetas y los imperativos sociales los cuales, si me descuido, terminaría por imponérmelos yo misma. Siento interés por varias cosas al mismo tiempo y aunque en un momento eso me acomplejaba porque la norma social dicta que para ser bueno tienes que dedicarte a una sola cosa, luego me di cuenta que mi fuente de gratificación es la variedad y eso sin contar con que ya no me importa si los demás piensan que soy buena en algo, si yo lo disfruto, con eso basta para llenarme de felicidad. 

Y pues sí, renuncié a un empleo estable porque me cuesta cumplir horarios, porque después de cuatro años no encontraba nada nuevo para aprender y porque las tardes soleadas que alcanzaba a ver desde la oficina terminaron convenciéndome de saltar de ese barco así tuviese que nadar kilómetros. A eso me dediqué, a nadar y vendí el carro y me compré una cicla… ja! sí, es cierto, eso me llena de una secreta satisfacción que hasta hoy me atrevo a confesar. 

Obviamente, empecé a mover más mi cuerpo y mi mente, eso hizo que mi salud mejorara considerablemente y las lumbalgias que me atormentaron por casi cuatro años prácticamente desaparecieron. Las relaciones tormentosas también las dejé atrás, como ya dije no puedo con el control y esas cadenas aunque me costaron un poco más también las rompí. Con estas decisiones noté que mi vida fue fluyendo y mágicamente apareció una buena manera de solucionar los asuntos económicos propios de este mundo terrenal al que tanto me ha costado adaptarme. 

Aprendí que lo mío es el agua y el aire, el fuego arde en mi corazón a través del amor que me inspiran los animales, las plantas y algunos humanos y, como es evidente que necesito un polo a tierra, encontré en el cultivo de plantas una forma, muy a mi manera, de echar raíces.

miércoles, 25 de junio de 2014

Tempestad de arena

"A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.

Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y tú, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás.

Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y allí estriba el significado de la tormenta de arena".

Haruki Murakami




jueves, 29 de mayo de 2014

Dicotomía

"... está el amor pero está el otro amado que obliga a componer con la diferencia; está el amor pero está la necesidad de realización personal; está el amor pero está la vida cotidiana que devora el amor; está el amor pero está el deseo de autonomía, a menudo mortal para la vida de pareja; está el amor pero está el deseo de hijos que se interpondrán en el dúo amoroso; está el amor pero está el ejercicio de la ciudadanía; está el amor pero está la vida laboral o profesional; está el amor pero está el inaugural deseo femenino de soledad; está el amor heterosexual, pero surgen otras opciones a la esquina del deseo; está el amor pero están los inconscientes y las historias de cada cual; está el amor pero están los otros amores del pasado; está el amor pero está la fragilidad de lo humano; está el amor pero están sus viejos imaginarios que siguen actuando; está el amor pero está el odio, tan cerca..." 

Florece Thomas




miércoles, 28 de mayo de 2014

Por el derecho a saber qué comemos

Muy recomendada este artículo de El Espectador, del cual resalto los siguientes párrafos:

"En Europa, así como otros lugares del mundo, el escepticismo contra los GMO sigue en ascenso. Desde diciembre pasado China ha rechazado cerca de 2.000 toneladas de insumos transgénicos provenientes de EE.UU., elevando las pérdidas para la industria agroquímica de este país al orden de los US$1.000 millones, según un reporte del National Grain and Feed Association (NGFA), con sede en Washington.

De igual forma, el Parlamento francés acaba de aprobar una ley que prohíbe el cultivo de toda variedad de maíz genéticamente modificado en este país, sumándose así a la lista de 26 países donde están restringidos de alguna forma el cultivo o la comercialización de cultivos transgénicos incluyendo Suiza, Australia, Austria, China, India, Alemania, Hungría, Grecia, Italia, México y Rusia.

Así, mientras gran parte de los consumidores del mundo entero siguen en la lucha por tener el conocimiento de los alimentos que llevan a su boca, en lugares como África y Suramérica el silencio sobre esta realidad es casi absoluto. ¿Sabemos qué estamos consumiendo?"




jueves, 15 de mayo de 2014

Para los maestros

“Sólo despierta pasión por aprender quien tiene pasión por enseñar”. Paulo Freire

Infinitas gracias a los maestros y maestras que me enseñaron a pensar, a dudar, a cuestionar, a ir más allá de lo evidente, a no conformarme, a crear, a proponer, a creer en la utopía. En un día como hoy lamento que la profesión que más admiro esté arrinconada y que este país cada vez le brinde menos garantías a la única posibilidad que tenemos de surgir, la educación. Igual sé, citando nuevamente a Freire que “sería una actitud muy ingenua esperar que las clases dominantes desarrollaran una forma de educación que permitiera a las clases dominadas percibir las injusticias sociales de forma crítica”, por eso les suplico que no se desanimen, que no desfallezcan porque necesitamos mujeres y hombres tan capaces y valiosos como ustedes que nos ayuden a construir el camino para lograr una sociedad menos equivocada.


¡Feliz día, maestr@s!


martes, 13 de mayo de 2014

Monsanto y el Agente Naranja

Sólo hasta ahora me vengo a enterar que Monsanto nació gracias a la producción del Agente Naranja que EEUU empleó contra Vietnam.



Monsanto: poderosa empresa que ha manipulado genéticamente (transgénicos) y patentado semillas que, en alianza con los gobiernos de diferentes países del mundo, obliga a los agricultores a comprar sus semillas y todo el paquete de pesticidas que produce, poniendo en peligro la salud humana, la actividad agrícola tradicional y la soberanía alimentaria.

Agente Naranja: fue uno de los herbicidas y defoliantes utilizadospor EEUU como parte de su programa de guerra química durante la Guerra de Vietnam 1961-1971. Se estima que 400 mil personas fueron asesinadas o mutiladas, y 500 mil niños nacieron con defectos de nacimiento como resultado de su uso. La Cruz Roja de Vietnam calcula que hasta 1 millón de personas son discapacitadas o tienen problemas de salud debido al Agente Naranja.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Dos razones para descartar a Peñalosa

Mis dos razones para descartar a Peñalosa, a partir de sus infortunadas declaraciones:

1. INVISIBILIZACIÓN DEL CAMPO Y DEL CAMPESINO: “el sitio natural para el ser humano es la ciudad” (...) “mientras si vive en el campo no tiene otra cosa que hacer sino echar azadón o manejar el tractor, ordeñar vacas, y no más”. (...) “En términos de competitividad internacional, es más rentable un peso invertido en Bogotá que uno invertido en el Vichada”.


2. NULA CONCIENCIA ÉTNICA: “Trabajé más de dos años como obrero raso en una construcción, tan raso que era el único no negro de la obra".


miércoles, 26 de marzo de 2014

La tierra natal

Autora: Ana Ajmátova


Proceso de autoconstrucción en Moravia
Fuente: Centro cultural Moravia


No la llevamos en oscuros amuletos,
ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella,
no perturba nuestro amargo sueño,
ni nos parece el paraíso prometido.
En nuestra alma no la convertimos
en objeto que se compra o se vende.
Por ella, enfermos, indigentes, errantes
ni siquiera la recordamos.

Sí, para nosotros es tierra en los zapatos.
Sí, para nosotros es piedra entre los dientes.
Y molemos, arrancamos, aplastamos
esa tierra que con nada se mezcla.
Pero en ella yacemos y somos ella,

y por eso, dichosos, la llamamos nuestra.

domingo, 23 de marzo de 2014

Medellín, a solas contigo

Siempre será sorprendente releer y releer esta obra poética de Gonzalo Arango, la cual a pesar del tiempo parece que, para bien o para mal, no pierde vigencia...



Panorámica de Medellín desde el barrio Santo Domingo
Foto: Grupo de Estudio Multidisciplinar del Territorio - Gemte

"Un bus me deja a mitad de camino. Por 30 centavos compro 15 minutos de paisaje. A la montaña subo a pie, jadeando de calor hasta coronar la cumbre. A la casa donde voy se entra por una avenida de rosas cuyos botones estallaron esta tarde al sol. Todavía, en el perfume del aire, mi carne percibe la cópula de la naturaleza.

La visión de la ciudad es espléndida desde esta altura. Puede pensarse en un paisaje ideal para místicos, pero aquí viven los industriales antioqueños.
Todavía no me tomé una copa, y ya estoy ebrio. La voluptuosidad del aire emborracha mis sentidos. Me niego a beber para conservarme lúcido, y gozar este paisaje fascinante tan parecido a la gloria. Para empezar, un jugo de moras.
Marina me enseña el nombre de las matas que crecen en su jardín: gardenias, alelíes, crisantemos y girasoles. ¡Qué derroche de belleza! No falta un color, y todos los aromas están presentes. Escandalosa lujuria de esta tierra donde brota el milagro por el amor de un corazón y unas manos de mujer.
Quisiera vivir en medio de este esplendor de fuerza, sol y poesía. Pero tal vez no. Esta violencia desencadenada terminaría por matarme, es demasiado inhumana. Mi alma también ama la pobreza, la aridez y las piedras. Mi dicha muere en el exceso. Y esta belleza es perfecta. La felicidad tendría aquí su reino, pero también una muerte melancólica. El corazón necesita ausencias para alimentar el deseo.
Nos instalamos en la biblioteca. Tomamos un licor seco, excitante, y estamos felices. Tras los vidrios una terracita sembrada de pinos semeja un balcón sobre un abismo que titila: ¡La ciudad!
Anclada en la oscuridad, chisporrotea con sus neones brillantes. El viento mece los árboles. El cielo centellea apacible. Me siento despojado de espíritu, vacío de ideas, sólo abierto a las embriagueces del cuerpo.
Lenta y cálida invasión de felicidad que nace al mismo tiempo que la noche. Reconciliación de mi ser con el mundo. Esta noche sólo existo para afirmar, para consentir. No tengo dudas sobre nada. Ni siquiera los asesinos pensamientos de muerte. Perfecta plenitud en el mundo y en mi alma: una paz de piedra, dicha sin fondo.
Olor de eucaliptus y rosas en la biblioteca. Me digo: es el buen olor de la sabiduría, esta inocencia que no está escrita más que en el aire, y más alto aún, en las estrellas.
Cuando a media noche salgo en la terracita veo la ciudad iluminada, feliz bajo la fresca noche de verano.
¡Oh, mi amada Medellín, ciudad que amo, en la que he sufrido, en la que tanto muero! Mi pensamiento se hizo trágico entre tus altas montañas, en la penumbra casta de tus parques, en tu loco afán de dinero. Pero amo tus cielos claros y azules, como ojos de gringa.
De tu corazón de máquina me arrojabas al exilio en la alta noche de tus chimeneas donde sólo se oía tu pulmón de acero, tu tisis industrial y el susurro de un santo rosario detrás de tus paredes.
Bajo estos cielos divinos me obligaste a vivir en el infierno de la desilusión. Pero no podía abandonarte a los mercaderes que ofician en templos de vidrio a dioses sin espíritu.
Te confieso que no me gustaba tu filosofía de la acción, y elegí para mí la poesía. Este era el precio de mi orgullo y mi desprendimiento.
Tus mañanas son las más bellas que han amanecido en ciudad alguna. Pero me negaba a perder su contemplación por tus oficinas burocráticas. No, Medellín: prefería esperar tus mañanas en un bar, o en un parque solitario para que te vomitaras plena de libertad y radiante de sol sobre mi corazón borracho.
Por eso me decías “vago”, porque nunca fui avaro con tu belleza. En cambio tú nunca fuiste generosa con mi locura. Yo te daba mucho amor y te adoraba. Pero de tanto amarte casi me destruyes.
Huí de tu belleza y de tus glorias para conquistar las mías, en vista de que no parecías orgullosa de mis alabanzas, y me despreciabas como a un bastardo porque no hacía lo de todos: rezar el rosario, casarme, trabajar como un negro y después morir.
De noche te era fiel, era tu testigo desvelado para que tu belleza no fuera inútil: te aseguraba un reino en mi conciencia y una dicha en mi corazón exaltado. Pero nunca comprendiste la humilde gloria de tener un poeta errando por el corazón desierto de tus noches considerándote mi hogar, mi amante, y mi única patria.
Eres utilitaria en cambio, y preferías acostarte con gerentes y mercaderes. También eres tiránica, pues te place la servidumbre, dominar soberana en el reposo de los vencidos y los muertos.
Sola y pura con tu gloria inhumana. Avara con tu majestuosa belleza. No te das porque a todos has matado, Medellín asesina, Medellín de corazón de oro y de pan amargo.
¿Por qué te empeñas en matar el Espíritu? Yo sé: porque el Espíritu tiene sus glorias que te rivalizan en poder.
No todo es Hacer, Medellín. También No-Hacer es creador, pues no sólo de hacer vive el hombre. Dijo Lawrence: “Prefiero la falta de pan a la falta de vida”. Pero tu fanatismo laborioso no te da tiempo para asimilar otras filosofías de la vida. No has tenido tiempo de aprender el Poder sin la Gloria. A veces le coqueteas al Espíritu, pero pesas demasiado con tu materialismo para permitirte una grandeza que no es elevada, que no es del alma.
No tienes corazón ni ojos para estas gardenias que me rodean, estos lotos en su laguna, ni para esta carga embriagadora de perfumes, y esta dicha carnal que me llega del silencio. Eres de una inocencia perversa porque asesinas el alma de las flores; porque arruinas el cielo con tus vomitadoras chimeneas; porque robas al sueño su silencio con tus ronquidos de producción en serie.
Hay otras mercancías que no produces: los alimentos del alma. Ni siquiera tienes una fabriquita para alimentos del alma. Tus politécnicos y universidades sólo vomitan burócratas, peones, jefes de personal y millares de contadores para tu potente máquina económica, tus cerebros electrónicos y tu Bolsa Negra.
¡Castrados de espíritu! Y yo sé que no son brutos. Al contrario, son idealistas y mesiánicos, herederos de conquistadores. Pero tú eres horriblemente frustradora.
Eres incapaz de producir un líder espiritual, ni siquiera un mártir. Porque antes de que el Iluminado diga su mensaje de salvación, ya tú le has ofrecido un puestecito en el Banco Comercial Antioqueño, y lo conquistas para heredero de tus tradiciones, socio de la Venerable Congregación de los Fabulosos Ingresos Per Cápita y Caballero del Santo Sepulcro.
Así coaccionas el espíritu de creación, la libertad y la rebelión. Eres endemoniadamente astuta para conservar la vigencia de tus estúpidas tradiciones. No admites cambios en tu poderosa alma encementada. Sólo te apasiona la pasión del dinero y aforar bultos de cosas para colmar con tus mercancías los supermercados.
Esto no estaría mal si con tus excesos y tus delirios productivos te acordaras de que tienes alma. Pero el tiempo del ocio lo ocupas en engrasar tus poderosos engranajes que mueven día y noche tu filosofía del Hacer, tu pensamiento reproductor.
A veces apestas a gasolina y hollín, mi pequeña Detroit. Cuando me abrumas con tus puercos olores siento piedad por tu insensato autodesprecio. Ni siquiera hay un rinconcito en tu monstruoso corazón de máquina para que florezca la flor bella, la flor inútil de la Poesía.

* * *

Y así... tu belleza me daba el gusto amargo de la muerte. Tu desprecio en vez de anonadarme me infundía coraje y una terrible fuerza para conquistar los cielos, los mares y los amores imposibles, y a mí mismo que estaba muerto en la nada.
A pesar de ti, te debo lo que soy, pues no sería nada si no hubiera nacido bajo tu cielo. Tu tradición me predestinó desde siempre a la rebeldía. La demencia de tu producción me arrojó en los hornos de la pasión creadora y la contemplación.
He sabido estimarme en la medida en que me despreciabas. Abracé la soledad porque me arrojaste de tus templos, tus fábricas y tus cementerios donde no daba la medida de la muerte. Me cerraste todas las puertas y me quedé fuera de tí, sin tí, y me obligaste a mirar hacia lo alto y hacia el fondo, a mi alma y al cielo.
En tus calles besé el rostro amargo del fracaso. Te suplicaba en silencio en tus noches de eterna belleza, pero no entendías mi lenguaje de oración. Había que enternecerte a martillazos, hacerte razonable a golpes de sacrificio: cabeza dura de cemento, alma de caldera, arterias de hierro galvanizado que alimentan de aceite tu corazón. No de sangre, y por eso eres más insensible que un zapato.
Tu desalmada indiferencia me obligó a vencer mis feroces enemigos: esos fantasmas interiores que crucificaban mi carne joven con fieros clavos de auto-destrucción. Yo chillaba de dolor silencioso en el mismo corazón de tu desprecio.
Lo que más me atormentaba era un áspero deseo de suicidio que intenté con horribles venenos entre tus petulantes rascacielos, o en la sordidez de tus burdeles donde me consagraba a horrendas orgías con ancianas, mendigas harapientas y niñitas rameras que podían ser mis hijas.
Pero fue inútil, yo soy alma difícil de crucificar. Veinte años antes me habías hecho heroico cuando de niño asaltaba tus montañas acosado por el hambre. Con las primeras guayabas que te robé me hiciste invencible y poeta de la rebelión.
¿Recuerdas el susto que me diste aquella tarde cuando enviaste tus policías a la verde y desolada colina donde la estatua del Salvador abraza la ciudad?
Yacíamos de cara al sol de la tarde mi amiga y yo, modestamente abrazados leyendo un libro de poemas. Nos apuntas con un revólver asesino porque según tu moral eso era pecado, o sea, estar allí solos y benditos de cara al cielo azul. Te empeñabas en que éramos dos delincuentes por estar allí “profanando” la estatua de yeso de nuestro querido Señor Jesucristo. Pero no se te ocurre que el amor entre dos seres vivos es la cosa más santa que hizo Dios. Y además, era falso lo que estabas pensando, pues estábamos muy puros leyendo a Walt Whitman esperando que cayera la noche para meternos a un montecito a... Bueno, eso a ti no te importa, vieja chismosa.
Te empeñaste en inventarnos un crimen para meternos en la cárcel, lo que intentaste hacer si yo no te hubiera sobornado con mi recordada estilográfica “Parker” para que no cometieras esa burrada con mi compañerita que estaba llorando de dolor, sintiéndose una horrible prostituta dentro del sombrío ataúd rodante donde nos embutiste como un par de tenebrosos criminales.
Nunca te perdonaré aquellas lágrimas, Medellín malo, pues mataste en el amor de mi niña la inocencia animal de su cuerpo...
Y como eres una beata farisea y retenida, nos niegas hasta la felicidad barata de esa cama verde tendida por Dios para sus pobres amantes que por decencia no pueden ir a los burdeles donde bendices la degradación de las almas, y hasta expides carnets para legalizar el envilecimiento del amor.
Tu morbosa imaginación no puede concebir dos seres puros hijos del sol, o de la noche, porque los condenas con tu diabólica moral redactada por inquisidores prostáticos.
Francamente, Medellín, eres peligrosa. Eres como el diablo para comprarle las almas, con la diferencia de que tú no las condenas al Infierno, sino al No-ser.

No te enojes, mi querida, te amo más de lo que crees, pues al fin tú me has hecho posible. A tí, que no me has dado nada, salvo soledad y un poco de dura miseria, te debo la riqueza infinita y humilde de mi ser, que no cambio por todo el oro de tus bancos comerciales.
Después de todo eres milagrosa. Haces posible lo imposible: hasta eres capaz de producir un loco idealista como yo. ¡Bendita seas!
Tu incomprensión ha creado en mí un hombre nuevo, distinto a los hombres que produces en serie como si fueran bultos de tela, muertos, o botellas de ron.
En ese desamparo me hice fuerte para la lucha, y te negué el homenaje de mis bodas con la muerte y la resignación. Y además, te debo gratitud, porque esa tu manera de parir “monstruos” me regaló un santo que fue mi maestro Fernando González. Te vuelvo a bendecir por él, a quien tanto hiciste sufrir, y tanto te amó.

* * *

Todo es calmo esta noche de una manera dulce, sin furor. El cielo se derrama en una brisa de estrellas. Esta luz esparce beatitud por el inmenso Valle de Aburrá. En lo más claro del cielo se dibuja un elefante con alas que son enormes plumas de nubes. Semeja un ángel en reposo, en pausa para elevar el vuelo al fondo más azul de la noche. Luego se desintegra en una constelación de luces. Creo que estoy borracho.
En un sitio no lejos de este monte, una mujer duerme su sueño puro. ¿O será desesperado? A esa mujer la amé hace años. Aún oigo sus canciones de amor, su voz excitante y carnal. Siento que el corazón es ingrato y acumula tumbas en la juventud que luego olvida. Al principio las riega de amor, de besos, de lágrimas, de flores. Y luego de indiferencia.
¿Qué será de esa mujer a la que antes había hecho el homenaje de mi vida, y ahora soy incapaz de rendirle el de un recuerdo, ni siquiera un deseo, ni nada que no sea este desgarramiento de indiferencia?
En la biblioteca, hermosa fiesta de silencios. Afuera todo calla, hasta mi corazón tumultoso. En lo alto del cielo, todo se apacigua: el rumor de la ciudad, los sauces, el viento, mientras la noche cruza silenciosa sobre este universo puro y sin memoria. Mi corazón enamorado cesa de latir para que lo poseas con tu gloria, ¡oh cielo sagrado!
Puro dolor de dicha en esta noche desierta, sin amarte, sin teléfono para llamar a Dios, solo con mi soledad que no sabe dónde buscarte mi amor perdido, mi monja.
¡Oh, alma mía, qué amarga es la belleza!

* * *

Amanece.
Mi amigo se ofrece a bajarme en auto, pero me niego. El cielo estalla de estrellas, mil aromas, un canto salvaje de cigarras, el rocío. Un aire tibio se pega a mi piel como si fuera una amante.
Desciendo fumando cigarrillo, feliz con las manos en los bolsillos por una carretera solitaria donde se derrama la luz llena de la luna. No me inquieta el peligro.
Pero como siempre que estoy feliz sintiéndome predestinado, llegas a interrumpir mis éxtasis con la santa naturaleza, y me atropellas con un catafalco del que se baja un sargento muy categórico que me pide identidad.
Me pones “¡manos arriba!” y me requisas a ver si tengo puñales o armas asesinas, y me acorralas como a una rata. Entonces te enseño una cédula donde quedé con cara de delincuente común, lo cual fue mi perdición.
—¿Qué hace a esta hora por la carretera?—preguntas.
—Nada—te digo—, paseo... existo...
Era la pura verdad, ¿qué más podía decirte?
—Ja, ja, ¿oyeron a este imbécil? Dice que existe, ja ja ja.
¿No ves? Te burlas porque existo, porque soy poeta, y me declaras culpable una vez más porque no estoy fabricando trapos, ni durmiendo “como todo el mundo”. Entonces me empujas a tu asquerosa ambulancia y me depositas en un hediondo calabozo lleno de estiércol y marihuaneros.
Desgraciadamente esa noche no tenía siquiera cigarrillos para conquistarte, para proponerte un “negocito” que es el único lenguaje que te conmueve.
A cualquier precio querías hacer de mí un delincuente, y en verdad no me explico por qué no lo soy, si hasta me dejaste el estigma de un horrible complejo de culpa. Mi atormentada cara de poeta sufriente fue siempre para ti un delito.
Mi hermano Jaime madruga a pagar mi rescate, lo cual hace con inmensa piedad, y de paso me regala un sermón marca “Made in Medellín”, y un paquete de cigarrillos.
Para justificarme, le digo a la salida: “Oye compañero, te juro que soy inocente, lo que pasa es que tengo cara de poeta maldito”.

* * *

Aquella mañana de expresidiario reincidente fui a tu plaza de mercado a comer naranjas, y una vez más soy feliz a pesar de mis desventuras, y adoro tus contrastes. ¡Qué bello, puro y viril es tu pueblo antioqueño!

Imagínate que un culebrero nos reúne en torno a su cacharros, y nos dice que “algunos del respetable público” estamos condenados. Promete sacarnos el Diablo del cuerpo con una pomada milagrosa por la módica suma de un peso. Eleva un brazo peludo de predicador y exclama:
—¡No tengan miedo, mis hermanos... Yo no les voy a robar... Este brazo es antioqueño y honrado, sólo lo uso para acariciar la ninfa y dominar el oso!
Pues sí, estuve a punto de abrazar a ese culebrero sucio y fornido, ¿sabes por qué, Medellín? Porque eres capaz de inspirar a un estafador la frase que habría hecho inmortal a Don Miguel de Cervantes.

Sobra decir que el filósofo ateo Gonzalo Arango fue el primero en comprar la cajita de pomada milagrosa para sacarse el diablo del cuerpo. Pero sin esperanzas de mejoría, pues cada vez que me la unto, mi novia dice: ¡Amor mío, hueles a diablo!".

Fuente:
Obra negra. Santa Fe de Bogotá, Plaza & Janés, primera edición en Colombia, abril de 1993.


jueves, 6 de marzo de 2014

Cuesta mucho ser coherente...

Esa aspiración, aunque me ha dado las más grandes satisfacciones, también me ha generado los mayores desengaños.

No queda más que aferrarse al sentido de justicia y recordar que el compromiso con la verdad es un acto de valentía, incluso en los ámbitos minúsculos de la vida.


martes, 25 de febrero de 2014

Sobre el derecho a la ciudad

"Solo cuando se entienda que quienes construyen y mantienen Ia vida urbana tienen un derecho primordial a lo que han producido, y que una de sus reivindicaciones es el derecho inalienable a adecuar Ia ciudad a sus deseos más íntimos, llegaremos a una política de lo urbano que tenga sentido".

Ciudades rebeldes, del derecho a la ciudad a la revolución urbana
de David Harvey


Los tenderos de Moravia (Medellín)

Paredes

Soy Moravia

Entornos rurales, corregimiento San Cristóbal (Medellín)

Carnaval por el territorio y la vida digna (Medellín)

Panorámica (Medellín)




lunes, 28 de octubre de 2013

Saudade

Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise y te quiero, aunque estemos destinados a no ser.

Rayuela – Julio Cortázar

martes, 9 de abril de 2013

¿Desarrollo para quién?


Esas empresas "van a nuestro territorio a decirnos que [... sus proyectos] tienen impactos mínimos y que lo que traen es desarrollo ¿Desarrollo para quién? ¿Cómo nos vienen a decir eso a nosotros cuando por experiencia sabemos que lo que realmente traen es pobreza y violencia? ¡Que nos respeten!" intervención de líder campesino del municipio de San Carlos durante la discusión sobre el proyecto hidroeléctrico Porvenir II, en la Asamblea Departamental de Antioquia. Medellín, abril 9 de 2013.


domingo, 11 de noviembre de 2012

LA AMISTAD DE LAS ESTRELLAS


Éramos amigos y nos hemos vuelto extraños. Pero está bien que sea así, y no queremos ocultarnos ni ofuscarnos como si tuviésemos que avergonzarnos de ello. Somos dos barcos y cada uno tiene su meta y su rumbo; bien podemos cruzarnos y celebrar juntos una fiesta, como lo hemos hecho - y los valerosos barcos estaban fondeados luego tan tranquilos en un puerto y bajo un sol que parecía como si hubiesen arribado ya a la meta y hubiesen tenido una meta. Pero la fuerza todopoderosa de nuestras tareas nos separó e impulsó luego hacia diferentes mares y regiones del sol, y tal vez nunca más nos veremos - tal vez nos volveremos a ver, pero no nos reconoceremos de nuevo: ¡los diferentes mares y soles nos habrán trasformado! Que tengamos que ser extraños uno para el otro, es la ley que está sobre nosotros: ¡por eso mismo hemos de volvernos más dignos de estimación uno al otro! ¡Por eso mismo ha de volverse más sagrado el recuerdo de nuestra anterior amistad! Probablemente existe una enorme e invisible curva y órbita de estrellas, en la que puedan estar contenidos como pequeños tramos nuestros caminos y metas tan diferentes -¡Elevémonos hacia ese pensamiento! Pero nuestra vida es demasiado corta y demasiado escaso el poder de nuestra visión, como para que pudiéramos ser algo más que amigos, en el sentido de aquella sublime posibilidad. Y es así como queremos creer en nuestra amistad de estrellas, aun cuando tuviéramos que ser enemigos en la tierra.

LA GAYA SCIENZA
Friedrich Nietzsche

martes, 9 de octubre de 2012

Crave de Sarah Kane


"Y quiero jugar a las escondidas y regalarte mi ropa y decirte cuanto me gustan tus zapatos y sentarme en el borde de la bañera mientras te bañas y hacerte masajes en el cuello y darte besos en los pies y llevarte de la mano e irme contigo a cenar y que no me importe que comas de mi plato y encontrarme contigo en el Rudy’s y hablar del día y tipiar tus cartas y llevar tus cajas y reírme de tus paranoias y regalarte discos que nunca escucharás y ver películas buenísimas y ver películas malas y quejarme del programa de radio y sacarte fotos mientras duermes y levantarme para prepararte el café con tostadas y pancitos y salir contigo a tomar un café al Florent en medio de la noche y dejar que me robes los cigarrillos y que nunca tengas fuego y contarte lo que vi en la tele la otra noche y acompañarte al oculista y no reírme de tus chistes y desearte por la mañana pero dejarte dormir un poco más y mientras darte besos en la espalda y acariciar tu piel y decirte cuanto me gusta tu pelo tus ojos tus labios tu cuello tu pecho tu culo tu. Y sentarme a fumar en las escaleras hasta que vuelva tu vecina y sentarme a fumar en las escaleras hasta que tu vuelvas y preocuparme cuando te atrasas y asombrarme cuando te adelantas y regalarte girasoles e ir a tu fiesta y bailar hasta quedar negro y estar triste cuando me equivoque y feliz cuando me perdones y mirar tus fotos y desear haberte conocido desde siempre y sentir tu voz en mis oídos y sentir mi piel contra tu piel y tener mucho miedo cuando te enojes y se te ponga un ojo rojo y otro azul y tu pelo hacia la izquierda y una cara de oriental y decirte que estás preciosa y abrazarte cuando estés ansiosa y abrazarte más cuando sufras y desearte solo con olerte y abusarme al tocarte y gemir cuando esté a tu lado y gemir cuando no esté a tu lado y babear sobre tu pecho y no envolverte toda la noche y sentir frio cuando me quites la manta y sentir calor cuando no lo hagas y derretirme cuando sonrías y desintegrarme cuando rías y no entender por qué crees que te estoy rechazando cuando no te estoy rechazando y preguntarme quién eres pero aceptarte igual y contarte acerca del ángel del árbol del niño del bosque encantado que voló sobre el océano porque te amaba y escribirte poemas y preguntarte por qué no me crees y tener un sentimiento tan profundo que no encuentra palabras y querer comprarte un gatito y sentir celos de él cuando reciba más atención que yo y retenerte en la cama cuando te tengas que ir y llorar como un bebé cuando finalmente te vayas y vacías los ceniceros y comprarte regalos que no quieras y llevármelos otra vez y pedirte que te cases conmigo y que tú me digas que no otra vez pero continuar pidiéndotelo porque aunque tú creas que no es en serio siempre fue en serio desde la primera vez y deambular por toda la ciudad pensando que sin ti está vacía y querer todo lo que quieres y pensar que me estoy perdiendo a mí mismo y saber que contigo estoy a salvo y contarte de mí mismo lo peor e intentar darte lo mejor porque tu lo mereces y contestar tus preguntas cuando prefiera no hacerlo y decirte la verdad cuando en realidad no quiera e intentar ser honesto porque sé que tú lo prefieres y pensar que todo se acabo pero aferrarme allí diez minutos más que me eches de tu vida y te olvides de quien soy e intentar acercarme a ti porque es hermoso aprender a conocerte y el esfuerzo vale la pena y hablarte mal en alemán y en peor hebreo y hacer el amor contigo a las tres de la madrugada y de alguna de alguna manera comunicarte algo de ese amor abrumador arrasador incondicional omnipresente y semipaterno que enriquece el corazón y libera la mente ese amor eterno y presente que siento por ti".


Este monólogo hace parte de la obra de teatro Crave, escrita por Sarah Kane, dramaturga y directora de teatro que hace muy poco he podido apreciar.

La autora advierte que en esta obra "la puntuación ha sido utilizada para indicar el ritmo y no para ajustarse a las reglas de la gramática".

lunes, 28 de mayo de 2012

¿Quién decidió?

Con el ánimo de seguir cuestionando el orden inconveniente para las mujeres y por lo tanto para la sociedad, comparto esta campaña que me gustó ¿Quién decidió? 
Tomado de: http://10mandamientos.com.mx/campa.html